SOBRE MÍ
Presentación
16 de junio de 2026
En los primeros años de mi infancia viví una experiencia singular. Pronto fui a vivir al campo de mis abuelos, muy cerquita de Jerez, y, como mi abuelo murió pronto, el recuerdo más significativo de lo que es el campo y los usos agrícolas y ganaderos se lo debo al hombre que llevaba el campo en aparcería con mi abuela: José. Independientemente de la vida familiar con mis tías y mis abuelos.
Al tratarse de un trozo de viña y otro de olivar, aparte del manchón o tierra calma, pude conocer y realizar someramente, como aprendiz, los trabajos que se hacían en la viña y el olivar, así como en el manchón. Pronto conocí el arado romano, la siembra a voleo y la siega con la hoz; la trilla del trigo hasta llenar los costales. Así como el injerto, la poda, los cuidados de la viña, la vendimia y, asimismo, el olivar. Del mismo modo, el desmonte de la viña, el horno de carbón y la transformación de los útiles del lagar.
Algunas faenas eran las mismas desde el Neolítico; otras me remiten a los tiempos bíblicos. La mayoría de las parábolas, menos las marineras, me llevan o evocan mi infancia.
Aunque en mi infancia pude conectar con esa experiencia y ese ritmo de vida agrario, asistí —como los de mi generación— a un desarrollo científico y tecnológico que fue imprimiendo a nuestra vida una aceleración constante. Esto nos provocó un desarraigo con lo que fue la cosmovisión de nuestra infancia. Newton, Galileo, Freud, Nietzsche, la nueva física, la genética, la nueva cosmología, nos situaron ante un nuevo paradigma. Las creencias que sostuvieron nuestra vida, nuestra espiritualidad, que en Occidente se fraguaron hace unos siete mil años, ya no se sostienen: necesitamos reformular nuestras creencias de manera que puedan integrarse en el nuevo paradigma. Por otra parte, la relación entre los diferentes grupos humanos y países, la dominación desvergonzada de los más ricos, el ataque suicida al planeta, nos hacen vivir una tensión con tintes escatológicos. Ello nos obliga a detectar y divulgar todos los signos de esperanza que apuntan en la dirección correcta de la historia. Es mayoría la población que, con temor y desconcierto, confía en un mundo más justo.